

Sindisciplinar cruza música, palabra e imagen en acciones en vivo, sin jerarquías ni guion cerrado.
Trabaja desde la indisciplina: dejar que los lenguajes se rocen, se contaminen y construyan sentido en tiempo real.
Aranceles es el título con el que Sindisciplinar abrió su recorrido y, a estas alturas, también su método. En economía, un arancel es el precio que se paga por cruzar una frontera. Aquí, Aranceles apunta a otro tipo de peajes: las fronteras entre disciplinas, esos límites que a menudo se sostienen más por hábito que por necesidad. Al final, todas las artes —música, imagen, palabra— intentan decir algo. La forma determina los medios de creación y de difusión, pero es el contenido, la urgencia de construir sentido, lo que une prácticas que normalmente se mantienen separadas.
En los últimos años la palabra aranceles ha vuelto al centro del debate público asociada a políticas de cierre, restricciones comerciales y fronteras cada vez más rígidas. Desde el proteccionismo que se exhibe como fuerza —con Trump como síntoma visible— hasta las barreras crecientes a la movilidad humana, el término ha ampliado su alcance más allá de la economía. Aranceles nombra hoy un mundo que se fragmenta, que levanta muros visibles e invisibles, que transforma el paso en trámite y el intercambio en sospecha. Frente a ese clima, Sindisciplinar propone un gesto contrario: cruzar, abrir, mezclar; trabajar sin permisos ni peajes simbólicos, dejando que los lenguajes se hablen entre sí desde la libertad y la escucha.
Con Aranceles #1 y Aranceles #2, esa idea dejó de ser un enunciado para convertirse en práctica. Dos acciones distintas, dos noches donde el cruce no se resolvió como suma de partes, sino como fricción: tiempos que se buscan, capas que se interfieren, momentos donde una imagen obliga a la música a girar, o una frase empuja al visual a desajustarse. No hay estructura cerrada ni mapa previo. Hay una situación compartida: estar atentos, sostener la escucha, aceptar que el sentido aparece a veces por choque y otras por silencio. La continuidad entre ambas sesiones no está en repetir una fórmula, sino en volver a exponerse: una segunda vez, con más confianza y con más riesgo, a esa zona donde las disciplinas dejan de protegerse.
Aranceles plantea precisamente eso: atravesar fronteras formales y dejar que los lenguajes dialoguen desde la improvisación, sin jerarquías y sin obligación de llegar a un resultado "redondo". Participan Ibón Sáenz de Olazagoitia (proyección de imágenes y visuales), Bingen Mendizabal (theremín), Nika Bitchiashvili (violín) y Ania Otaola (poesía y voz). La actividad ha sido grabada por el realizador Mikel Sánchez. La coordinación corre a cargo del artista y gestor cultural Iñaki Larrimbe.
